
¿Sabías que en la Edad Media existieron comunidades de mujeres libres y solidarias?
Las beguinas no eran monjas ni esposas. Eran mujeres que eligieron vivir juntas, trabajar, cuidar a los demás y apoyarse entre ellas, en una época donde pocas podían decidir por sí mismas.
Crearon sus propios espacios —los beguinajes— donde tejieron redes de ayuda, autonomía y saber. Fueron sanadoras, maestras, artesanas… y, sobre todo, independientes.
Una historia poco conocida, pero muy poderosa.

¿Tenían puntos en común con las primeras cristianas?
Sí, las beguinas comparten varios puntos en común con las primeras cristianas, especialmente en lo social y espiritual. Aquí algunos aspectos destacados:
1. Vida comunitaria y sororidad: Al igual que muchas mujeres de las primeras comunidades cristianas, las beguinas se organizaron en grupos de apoyo mutuo, compartiendo vivienda, trabajo y fe sin necesidad de estructuras jerárquicas rígidas.
2. Servicio a los demás: Ambas se dedicaron al cuidado de enfermos, pobres y marginados, viendo en ello una forma activa de vivir su espiritualidad.
3. Independencia del poder religioso masculino: Las primeras cristianas y las beguinas vivieron su fe fuera del control directo de las instituciones eclesiásticas. Esta autonomía causó sospechas y, en algunos casos, persecuciones.
4. Espiritualidad personal y mística: Tanto las primeras cristianas como las beguinas valoraban la experiencia directa de lo divino, más allá de los rituales oficiales. En el caso de las beguinas, esto se refleja en sus escritos místicos.
5. Cuestionamiento del rol tradicional de la mujer: Aunque no buscaban una revolución abierta, ambas formas de vida desafiaban los modelos de mujer subordinada, proponiendo caminos de vida alternativos.