Cuento medieval

Esos deshilachados y desgastados bombachos, solo advertían una cosa: cansancio. Y las serpenteantes eses de su viejo amigo, se lo confirmaba.
Así que, antes de llegar a su aldea, y ya por fin, poder descansar en su humilde hogar; junto al imponente castaño, punto de encuentro de cualquier viajero, se paró a descansar; ahí mismo, junto al arroyo que alimentaba al majestuoso árbol, dejando que su fiel rocinante bebiera de el, mientras tanto, nuestro campesino, apuraba las últimas gotas de hidromiel, de su odre de cuero.
El sol, ya empezaba a calentar, y el manojo de trigo, que acababa de segar, podría ayudar a no pasar hambre durante un día más. Los días de la recolecta, ya habían terminado, pero siempre quedaba alguna espiga tardía dispuesta a ser recolectada.
Debía apurarse, no descansar en exceso, simplemente coger fuerzas para el gran día, pues por fin, su hija se casaba. Había encontrado a un gran mozo, que realmente la quería y que no le haría pasar tantos apuros como él lo hacía. Pues un día en el mercado, los dos se enamoraron: ella una simple campesina realizando trueques, y él un comerciante aceptando, a la que un día sería su verdadera dicha.
Su padre, no podía estar más orgulloso de esta unión, y por lo tanto, debía levantarse de su letargo, y prepararse con su nuevo ropaje para el día de hoy, pues el sol ya empezaba a despuntar y la novia, ya empezaba a despertar.

Escrito por: Maytt Ett

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About maitemaya

Mi gran pasión es la historia y me gusta todo lo relacionada con ella. Leer, estudiar, investigar como el hombre como ser individual y como grupo se ha comportado a través de los tiempos. En cuanto a mi trabajo, desde 1989 empecé en la confección de la ropa medieval, primeramente para la fiesta de la historia de Ribadavia (Ourense) luego se ha ido extendiendo a otras ciudades y actualmente se celebran en multitud de lugares.
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