Sancha Raimúndez de León
Constituye un ejemplo destacado del ejercicio del poder femenino en la Edad Media al margen de los cauces tradicionales de la realeza. En la documentación oficial del reinado de Alfonso VII aparece mencionada de forma reiterada junto al monarca mediante fórmulas de correinado como “regnante rege Adefonso et germana eius Sancia” (reinando el rey Alfonso y su hermana Sancha), “regnante Adefonso imperatore et Sancia infanta” (reinando el emperador Alfonso y la infanta Sancha) o expresiones de acción conjunta del tipo “una cum germana mea Sancia” (junto con mi hermana Sancha). Estas fórmulas, propias del lenguaje cancilleresco, evidencian una participación política reconocida institucionalmente y no una presencia meramente testimonial.
Además, su nombre ocupa una posición destacada en la jerarquía documental, inmediatamente después del rey y antes de obispos y magnates, lo que refleja su elevada autoridad dentro de la estructura del poder. Esta distinción no entra en conflicto con la figura de la reina consorte, sino que responde a una articulación compleja del poder cortesano, en la que distintas figuras femeninas ejercían funciones complementarias en función de su linaje, proximidad al soberano y ámbito de actuación. El caso de Sancha Raimúndez revela así una forma de poder basada en la legitimidad dinástica y la capacidad de intervención en el gobierno, reforzada por su decisión de no contraer matrimonio, que le permitió conservar autonomía patrimonial y política. Su estudio ha sido progresivamente revalorizado por la historiografía medievalista, que en las últimas décadas ha subrayado la necesidad de incorporar estas formas de autoridad femenina para comprender de manera más completa el funcionamiento del poder en los reinos medievales peninsulares.






























